Disclaimer:
No son míos, sólo estoy jugando
con ellos por un ratito.
Nota de la
autora: Este pequeño “plot erizo” simplemente saltó en algún momento de
la semana pasada y no me dejó en paz. Tuve que escribirlo para deshacerme del
pequeño sujeto y poder regresar a “Dragón fugitivo”. Es una historia corta,
no habrá más capítulos, no he planeado ninguna secuela.
Nota de la traductora:
Silverfox es de Austria (no confundir con Australia) y su lengua materna es el alemán, pero escribió “The Last Lion” en inglés, si deseas leer la versión original, puedes encontrarla en fanfiction.net y si deseas escribirle (en alemán o inglés, preferentemente), su dirección es silverfox@kabsi.at
EL
ÚLTIMO LEÓN
Michael llegó
tarde a la estación para el comienzo de su sétimo año. Abordó el Expreso de
Hogwarts sin mirar a la derecha o a la izquierda. ¿Para qué? Todos sus amigos
se habían graduado el año anterior. Sería un solitario sétimo año.
Entró al
primer compartimiento disponible y preguntó a dos muy sorprendidos estudiantes
de primer año si podía sentarse con ellos. Ellos asintieron torpemente, era
obvio que no se atrevían a dirigirle la palabra a ese estudiante mucho mayor
que ellos.
-¿En qué casa
quieren estar? –preguntó, con la esperanza de sacarlos de su silencio.
-Hufflepuff,
como mi papá –dijo el más bajito.
-En Ravenclaw,
como mi mamá; o Slytherin, como mi papá, creo –dijo el otro.
-¿No hay
preferencia? –le preguntó Michael.
El niño sacudió
la cabeza.
-Bueno, yo soy
un Gryffindor –dijo Michael.
Los otros dos
asintieron educadamente y entonces continuaron su propia conversación.
Un muy
solitario sétimo año.
Dos de sus
compañeros Ravenclaw entraron en algún momento durante el viaje. Saludaron a
Michael al pasar. Un rápido y desinteresado hola, probablemente olvidado antes
de perderlo de vista.
Una Hufflepuff
de sexto año se detuvo tratando de ser amable.
-Hay tres
Weasley empezando este año, si no me engañó la vista –le dijo ella con una
sonrisa animosa-. ¿Recuerdas a la Delegada Ginny Weasley?
Por supuesto
que Michael recordaba a la Delegada de su segundo año. Ginny Weasley había
sido la última Gryffindor en obtener ese honor. Le sonrió valientemente a la
Hufflepuff. La profesora McGonagall lo había propuesto para esa posición,
pero la había ganado un Ravenclaw.
-¿Quién es
Delegada este año? –preguntó-. ¿Hufflepuff
o Slytherin?
-Slytherin,
pero tenemos grandes esperanzas para el próximo año.
La
Hufflepuff habló un poco más, entonces abandonó a Michael con su miseria.
Tres Weasley,
había dicho ella. Los Weasley siempre habían sido Gryffindors.
Michael trató
de imaginarse guiando a tres pequeños pelirrojos por la escuela. Podría ser
divertido. Nunca había
tenido oportunidad de ejercer sus deberes como prefecto. Tal vez, con
suerte, este año no sería tan malo después de todo.
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Unas horas
después, Michael entró al gran salón en medio de una multitud de estudiantes
alegres y conversadores. Luchó por abrirse paso hasta la mesa de Gryffindor.
Era difícil ir contra la corriente, pero Michael había tenido mucha práctica.
¿Dónde se
sentaría? Hasta entonces simplemente se había sentado cerca de Peter e Iván,
a quienes consideraba sus mejores amigos. No era que hubieran sido muy cercanos
en realidad, pero lo aceptaban y cuidaban de él la mayor parte del tiempo. A
cambio, Michael los había admirado y había hecho todo lo que le pidieran. Había
sido divertido, además.
Pero Peter e Iván
se habían graduado el año anterior.
Así que, ¿dónde
sentarse?
Finalmente,
Michael se decidió por el asiento que había ocupado Harry Potter durante su
propia ceremonia. ¡Esos habían sido los días gloriosos de Gryffindor, cuando
el gran héroe se sentaba justo ahí!
No era que
Michael hubiera conocido realmente a Harry Potter. Después de todo, había
estado en sétimo año durante el primer año de Michael. Pero Michael lo
recordaba caminando por los salones con sus amigos, sentado en la sala común
conversando con Neville Longbottom, el prefecto que le había enseñado el
camino a su dormitorio ese lejano primer día. Recordaba a Harry discutiendo
problemas de Pociones o de Transfiguraciones con la Delegada Hermione Granger y
celebrando otra victoria de Quidditch con el capitán del equipo, Ron Weasley.
Tres Weasley
ese año.
¿Pero qué harían
con el Quidditch? Exceptuándose a sí mismo, el peor chaser jamás visto, todo
el equipo se había graduado el año anterior. ¿Permitirían que jugaran los de
primer año? ¿O Gryffindor perdería este año? ¿Volvería a haber un equipo
de Quidditch alguna vez si no lograban reunir uno este año?
Ahí estaban.
Los de primer año entraron al gran salón siguiendo a la profesora McGonagall,
su Cabeza de Casa. Mientras el Sombrero Seleccionador cantaba, Michael contempló
a los asustados niños. Ahí, al fina: tres pequeños pelirrojos muy juntos. Tenían
que ser ellos.
Michael miró a
al profesora McGonagall. Sus ojos se encontraron y ella le dirigió una de sus
sonrisas sin desplegar los labios. La mayoría probablemente no la habría
notado, pero para Michael, quien la conocía desde hacía siete años, el
mensaje era obvio. Le sonrió a su vez, tratando de animarla lo mejor que pudo.
La canción
terminó y la profesora McGonagall empezó a llamar a los estudiantes de primer
año uno por uno. Otra vez Michael recordó su propia selección-
Había sido el
sétimo estudiante en caminar hasta el banco, el primero para quien el Sombrero
había gritado “¡Gryffindor!” ese día. El primero y el último. Al
principio todo pareció bastante normal, pero mientras el grupo de primer año
disminuía más y más y las filas de los Slytherins y Hufflepuffs y Ravenclaws
crecían y crecían y Michael seguía siendo el único de primer año en la mesa
de Gryffindor, sus compañeros estudiantes empezaron a ponerse nerviosos.
Recordaba la
ansiedad con la que la atención de todos se enfocó en la selección, luego las
ocasionales miradas que le lanzaban a él. Entonces las otras Casas empezaron a
notarlo y recibió miradas de extrañeza incluso desde la mesa de los profesores.
-¡Slytherin!
–anunció el Sombrero con el primer estudiante, y luego:- ¡Hufflepuff! –y
otra vez-. ¡Slytherin!
Dos Ravenclaws
seguidos por otro Hufflepuff, un Slytherin, un Ravenclaw, dos Hufflepuffs.
El día después
de la Selección de Michael, la profesora MacGongall le había dado su horario y
le había dicho que no se preocupara. Algunas veces la Selección terminaba
siendo muy desproporcionada y estaba segura de que haría amigos entre los
estudiantes de segundo año y los de primer año del año entrante. Y se aseguró
de que la mayoría de sus clases fueran con los Hufflepuffs. Tendría amigos de
su mismo año ahí.
Desafortunadamente,
las cosas no habían funcionado así.
Otro Slytherin,
entonces dos Hufflepuffs y un Ravenclaw fueron recibidos por sus nuevas Casas.
No había
habido nuevos Gryffindors el año siguiente a su Selección, ni el año
siguiente, ni el siguiente. La multitud en la sala común de Gryffindor había
disminuido cada año, pero al principio a Michael no le había importado mucho.
Era agradable tener espacio y tenía a Peter e Iván, a pesar de que nunca tuvo
una amistad muy cercana con nadie de su mismo año. McGonagall había
continuado prometiéndole que el próximo año, el próximo año habría nuevos
Gryffindors, pero eso nunca pasó.
Dos Ravenclaws,
un Slytherin, un Hufflepuff.
Michael había
llegado a ser prefecto, porque no había nadie más que tomara el puesto, y
chaser, porque los prefectos del año anterior habían rehusado y Miranda había
sido la peor voladora en la que Hogwarts había visto en su generación. no eran
grandes logros, ¿verdad?
Un
Slytherin, un Hufflepuff, otro Slytherin.
-¡Weasley,
Adriana! –leyó finalmente la profesora McGonagall.
¡Por
fin! ¡Por fin! Los Weasley siempre estaban en Gryffindor.
Hubo un largo
silencio hasta que el Sombrero finalmente se decidió por:
-¡Hufflepuff!
¡No!
¡No! Eso no podía ser.
Pero, por
supuesto, Casas inusuales aparecían en todas las familias.
-¡Weasley,
Araminta! –llamó la profesora MacGongall y su voz no tembló en lo más mínimo.
¡Esa tenía
que ser una Gryffindor! Pero con solo mirarla mientras caminaba hacia el banco,
el corazón de Michael sufrió un vuelco. Era idéntica a Adriana. Los gemelos
idénticos por lo general iban a la misma Casa.
Por supuesto,
había excepciones.
El Sombrero
otra vez se tomó su tiempo para decidir.
-¡Slytherin!
–anunció al final.
Esta vez
incluso McGonagall tuvo que esperar un momento antes de tener de nuevo su voz
bajo control.
-¡Weasley,
Theodor! –a Michael le pareció escuchar algo de duda en su voz.
¿Y si el
Sombrero Seleccionador estaba dañado? ¿Y si ya no podía pronunciar
“Gryffindor” nunca más? ¡Pero había mencionado la Casa en su canción!
Esta vez el
Sombrero Seleccionador tomó su decisión rápidamente.
-¡Ravenclaw!
–gritó luego de un momento.
De alguna
manera, la profesora MacGongall logró terminar la ceremonia, pero su voz sonaba
vacía y derrotada. De alguna manera, el director Dumbledore pronunció su
discurso, pero no había ya chispeo en sus ojos.
¿O sólo le
había parecido así a Michael? O tal vez, tal vez... ¿podía ser todo eso sólo
un sueño? ¿Podía ser que en cualquier momento Michael despertaría para ir a
la Estación de King Cross para su primer viaje hacia Hogwarts?
¿Podía ser?
¿O realmente él era el último Gryffindor?
fin