CAPÍTULO X

DONDE SE CUENTA LA INDUSTRIA QUE SANCHO TUVO PARA ENCANTAR A LA SEÑORA DULCINEA, Y DE OTROS SUCESOS TAN RIDÍCULOS COMO VERDADEROS

 

En un lugar de la Mancha...

 

ARAGORN:  Explícame otra vez por qué estamos aquí.

GIMLI:  Fue idea del director, como él y los guionistas están tan interesados en darle más participación a Arwen y hay tan pocos personajes femeninos a los cuales robarles diálogos, se le ocurrió que además de los de Eówyn podíamos tomar unas cuantas escenas de otros libros. Así que tú y yo estamos aquí para conversar con Arwen antes del asedio de Gondor.

ARAGORN:  ¿Y para eso vinimos desde Nueva Zelanda? Eómer me va a matar cuando vea cómo quedó este pobre caballo después de hacer el viaje, ¡sólo piel y huesos!

GIMLI (encogiéndose de hombros):  Por lo menos tú venías a caballo, yo tuve que hacer el viaje a pie.

ARAGORN:  Pero el director te ofreció un burro.

GIMLI (enojado):  Y yo le ofrecí curarle para siempre sus dolores de cabeza con un buen golpe de hacha, pero tampoco le pareció una buena idea y lo dejamos por la paz.

ARAGORN (suspirando):  Hubiera preferido que me acompañara Legolas.

GIMLI: También yo hubiera preferido que me acompañara Legolas. Oh, bueno, ahí viene Arwen.

ARAGORN (entrecerrando los ojos): ¿Seguro que es ella?

GIMLI: Claro que sí, fíjate bien: cabello largo oscuro y viene montando un caballo.

ARAGORN: Pero la acompaña una persona rubia.

GIMLI: Ha de ser Glorfindel tratando de convencerla de que le devuelva el caballo. Vamos a recibir a Arwen, ¿te aprendiste tu parte?

ARAGORN: Sí, pero la encuentro un poco extraña, ¿de qué libro me dijiste que la habían sacado?

GIMLI: “Don Quijote de la Mancha”.

XENA: Mira a esos dos sujetos en mitad del camino.

GABRIELLE (esperanzada): ¿Tú crees que sean bandoleros?

XENA: Ojalá, este viaje ha sido aburridísimo. ¿Quién hubiera pensado que esta región sería así de pacífica en esta época del año, justo cuando los romanos finalmente pueden decir que toda Hispania ha sido conquistada?

GABRIELLE: Toda no, aún queda una aldea de irreductibles hispanos que resisten hoy y siempre al invasor... Hum, mira el tipo bajito viene hacia nosotras...

GIMLI (arrodillándose ante el caballo de Xena): Reina y princesa y duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza sea servida de recebir en su gracia y buen talante... (al llegar a este punto, Gimli saca un libro de su barba, busca una página marcada y continúa leyendo con algo de dificultad, manteniendo el libro tan apartado como se lo permite el brazo) ... en su gracia y buen talante al cautivo caballero vuestro, que allí está hecho piedra mármol, todo turbado y sin pulsos, de verse ante vuestra magnífica presencia. Yo soy San... este... Gimli, hijo de Glóin, su... ¡me niego a decir esto!... ejem... y él es el asendereado Aragorn, hijo de Aratorn, llamado por otro nombre el Caballero de la Triste Figura...

ARAGORN: ¡¿Cómo?!

GIMLI: Digo, Elessar, Piedra de Elfo.

XENA:  OoU

GABRIELLE: OoU

ARAGORN (mirándolas con más atención): Este... Gimli, creo que hay un error aquí...

GIMLI: Tú cállate, que todavía no es tu turno.

ARAGORN: Pero...

XENA (poniendo mala cara): Será mejor que se aparten del camino.

GIMLI (leyendo): ¡Oh, princesa y señora universal de Toboso! Esto... ¿de los elfos?... ¿Cómo vuestro magnánimo corazón no se estremece... no, ¿qué dice aquí, Aragorn?

ARAGORN: “Enternece”.

GIMLI: Eso, ¿cómo vuestro magnánimo corazón no se enternece viendo arrodillado ante vuestra sublimada presencia... Oye, Aragorn, ya tenías que haberte arrodillado.

ARAGORN (arrodillándose junto a Gimli): ¡Esto es ridículo!

GIMLI: Eso le dije al director y me respondió que no, que era un clásico. Ejem, ¿cómo vuestro magnánimo corazón no se enternece viendo arrodillado ante vuestra sublimada presencia a la coluna y sustento de la andante caballería?

XENA (a Gabrielle): Pues parecen bandoleros, pero creo que sólo son dementes.

GABRIELLE: Lástima... En fin, continuemos, que se nos hace tarde.

XENA: De acuerdo. ¡Apártense del camino ustedes dos!

GIMLI: Es tu turno, Aragorn.

ARAGORN: Pero...

GIMLI (empuñando el hacha): Es. Tu. Turno. Aragorn.

ARAGORN: ... Levántate, Gimli… ah, ya lo hiciste… ejem… que ya veo que la Fortuna, de mi mal no harta, tiene tomados los caminos todos por donde pueda venir algún contento a esta ánima mezquina que tengo en las carnes. Y tú, ¡oh extremo del valor que pueda desearse, término de la humana gentileza, único remedio deste afligido corazón que te adora!, ya que el maligno Sauron me persigue, y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos... lo cual ha de ser cierto, porque cada vez la encuentro a usted menos parecida a Arwen, señora...

XENA: ¡¿”Señora”?!

ARAGORN: Este... y para sólo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre...

XENA: ¡¿QUÉ?!

ARAGORN: ... si ya también el mío no le ha cambiado en el de algún orco, para hacerle aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente, echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago la humildad con que mi alma te adora.

XENA: ¡¡¡¡¿”CONTRAHECHA HERMOSURA”?!!!! ¡¡ESTO LO VAS A PAGAR MUY CARO!!! ¡¡¡YIPYIPYIPYIP...!!!!

LEGOLAS (acercándose a Gimli): Oye, Gimli...

GIMLI: Ah, Legolas, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar preparando lo del asedio?

LEGOLAS: Me dijeron que te trajera tus gafas, las dejaste olvidadas en el camerino.

GIMLI (poniéndose las gafas): Qué alivio, creí que las había perdido, y apenas podía leer el dichoso libro...

LEGOLAS: ¿Por qué esas mujeres están pegándole a Aragorn?

XENA: ¡YIPYIPYIPYIPYIP...!!!

GIMLI: Ni idea. A mí me parece que él recitó bien su parte... En fin, mejor regresemos a Gondor, ya nos alcanzará cuando termine de jugar.

LEGOLAS: OK.

XENA: ¡¡¡YIPYIPYIPYIPYIP...!!!!

 

Fin (debería reducir la cantidad de café que estoy tomando...)