HUYENDO

 

Cómo pudiste. Cómo pudiste. Cómo pudiste.

¿Es mi propia voz lo que he estado escuchando? Creo que sí, aunque a ratos lo que suena dentro de mi mente son otras voces. Algunas las reconozco (Lily, James, mis padres, mis amigos, mis maestros, mis rivales, mis enemigos). Otras no (¿los muggles? ¿los Death Eaters? ¿los misteriosos colabores de Dumbledore de cuyos nombres no he podido enterarme?).

Jamás se me ocurrió que fuera capaz de correr tan rápido, una distancia tan grande. Pero tengo que alejarme, ¿no es cierto?

Lo más lejos posible de todo y de todos.

Estaré a salvo.

Eventualmente, claro.

Iba a entregarme.

Dios es testigo que iba a entregarme.

Dejaría que Sirius me llevara con los aurors. Era lo que merecía. Sería juzgado y enviado a Azkaban, o me condenarían directamente al beso del Dementor. Lo que fuera, sería lo justo.

Me lo merecía.

Pero entonces...

¿cómo pudiste?

Entonces lo vi sacar su varita y supe que no tenía intención de capturarme. Iba a matarme.

Sin juicio.

El tiempo se detuvo hasta que escuché ese Avada Kedavra y todos a mi alrededor estaban muertos.

Excepto Sirius.

¿cómo pudiste?

Si hubiera esperado un poco. Si me hubiera llevado aparte donde pudiera confesar todo lo que sabía y pedir el castigo que me correspondía por mis errores. Si me hubiera dado tiempo de decir “lo siento”.

Entonces no me habría molestado que él mismo me matara.

Estaba en su derecho, ¿no?

Fuimos los mejores amigos y era justo que quien inició nuestra amistad le pusiera fin en forma definitiva. Pero no así.

Y menos ahora, con todos esos muggles muertos en medio.

¿Quién está del lado de los ángeles y quién está del lado de los demonios cuando mueren los que no tienen nada que ver con la guerra?

Las muertes de James y Lily eran mi culpa, sólo mi culpa. ¿Por qué matar a todas esas personas sólo porque se interponían en su camino?

De todos modos yo no pensaba huir...

Tampoco pensaba luchar...

Y, de hecho, quería morir...

Pero no así, frente a todos esos cadáveres.

¿cómo pudiste?

Le grité, sí, ahora lo recuerdo, eso fue lo que le grité, ¿cómo pudiste?

Sirius no, no él. Remus corría el riesgo de volverse un homicida cada luna llena, James siempre tenía el temor de acabar matando a alguien cada vez que enfrentaba a los death eaters, pero Sirius... Sirius era incapaz de matar sólo porque alguien le estorbaba. Sirius tenía que ser incapaz de hacer algo así o todo el universo se derrumbaría. El cielo es azul, la hierba es verde, el ajo aleja a los vampiros y Sirius Black es incapaz de usar un Avada Kedavra para matar a un grupo de muggles aunque el infierno mismo lo esté alentando.

Nunca tuve la intención de que Lily y James murieran.

El Amo dijo que sólo quería conversar con ellos, hacerlos entrar en razón.

Lo harían cuando comprendieran que era lo mejor para su hijo.

Y yo le creí.

Era lo mejor, y después de todo no quedaban opciones. O estás del lado de los ganadores o estás muerto.

¿No es verdad?

Iba a entregarme.

Iba a dejar que Sirius me matara.

Pero Sirius no es mejor que yo, no después de haber asesinado a todos esos muggles. No tiene derecho a llamarme asesino alguien que tiene las manos chorreando sangre.

Por eso ataqué.

Sé que no se lo esperaba. ¿Un cobarde como yo atacando en lugar de huir y esconderme? Qué poco me conoce. Qué poco me conoció nadie. Logré aturdirlo, dudo mucho que recuerde claramente qué fue primero, si mi ataque o el suyo.

No he dejado de correr desde entonces, aunque mi pata herida duele como el mismo infierno. ¿Fue que Sirius logró alcanzarme después de todo, o me herí yo mismo al tratar de defenderme? No está claro.

Tampoco recuerdo con claridad por qué me parece que la voz de Sirius sonó tan extraña al decir el hechizo imperdonable. Casi como si no fuera su voz... pero nosotros éramos los únicos magos ahí. Si no fue su voz, entonces fue la mía, ¿no?

No, yo gritaba ¿cómo pudiste?, aunque mi voz tampoco sonaba como la mía...

¿Cómo pudiste, Sirius?

Tú siempre fuiste mejor que yo. ¿Por qué no seguiste siendo mejor que yo cuando más necesitaba que lo fueras?

Habría dejado que me mataras si no hubieras caído tan bajo como yo.

Tengo que dejar de pensar o me volveré loco.

Necesito descansar.

Necesito un refugio.

¿Dónde estoy?

Un jardín... no sé cómo llegué hasta aquí. No puedo haber llegado corriendo. ¿O sí?

Estoy... tan... confundido...

Es la pérdida de sangre. Parece que sí voy a morir, después de todo.

Gracias a Dios.

-¿Qué tienes ahí, Percy?

-Una rata, mamá. Está herida. Parece que algo la mordió.

-¿Oye, pero qué crees que estás haciendo?

-Curarla, por supuesto, Bill. Papá dice que no puede comprarme una mascota, bien, tendré que conseguir una yo mismo.

-¿Y crees que una rata corriente va a ser una buena mascota para un mago?

-Por lo menos estará agradecida de que la haya curado. En algo apreciará el que le haya salvado la vida, ¿no?

Dejo que el niño me lleve dentro de la casa. No tengo fuerzas para discutir con él.

Estúpido niño.

Mejor me hubiera dejado donde estaba.

fin